Y la miró y le rogó con una tierna sonrisa que se bajara la mascarilla para poder ver su sonrisa, mientras paseaban junto a la rambla. Ella lo miró, como siempre desconcertada, como si no terminara de acostumbrarse a ese dulce atrevimiento de su gran amigo. Cada vez que se veían y volvían a estar juntos. Y a pesar de su mirada cansada, cargada por muchas horas de trabajo, sus ojos volvieron a brillar como los de una niña ilusionada.Y deslizó su mascarilla hacia su barbilla, y su sonrisa tímida y dulce, y por supuesto bonita y aniñada, se desnudó una vez más ante los ojos de su enamorado amigo.

Él le posó sus labios sobre los de ella, dándose un beso corto pero cargado de cariño, mientras rodeaba con la palma de sus manos su cara y acariciaba con ternura sus cabellos.

Luego ella se volvió a subir la mascarilla, y ambos continuaron su camino de la mano, pegados a la rambla, mientras el sol jugueteaba entre las nubes por el cielo y la brisa suspiraba por su amor de vez en cuando….

Javier L. García Moreno

05 diciembre 2020