Miradlos pasear por cualquier parte. No cabe duda. Mires por donde mires, no hay pareja tan cariñosa y romántica como ellos. No. Yo no he visto en este anómalo y distante verano del covid una pareja besándose como se besan, delicadamente, mirándose a los ojos de la manera más dulce y romántica que alguien podría pensar, rozándose con la yema de los dedos. Paseándose de la mano o abrazados sobre la arena o entre las aguas como si el resto del mundo que les rodea no existiera. Envueltos simplemente por su felicidad, confinados en su burbuja de risas fáciles y sonrisas coquetas o ruborizadas, en la que brilla una mirada chispeante de felicidad y amor.

Miradlos. Ellos también a veces miran a su alrededor y se dan cuenta de lo mismo que los demás. Que solo ellos viven cada momento compartido como si fuera el último o el primer día de su flechazo. Aunque solo sean amigos, insiste ella, se sonríen y se susurran al oído, entre besos y miradas cómplices.

¿Qué le pasa al mundo que se ha vuelto tan distante, tan frío y tan falto de amor en pleno verano? Parejas casadas que ni se miran a la cara, él cabizbajo, apático y concentrado en el móvil, ella suspirando aburrida y repantigada sobre la silla de chiringuito y mirando a todas partes. Novios y novietes de dos días, de todas las edades, e incapaces de darse un beso en público.

Y es que ellos dos solo tienen que levantar la cabeza para darse cuenta que muchos los miran, allá por donde vayan o allá donde se sienten o se tumben en la arena. Que su demostración continua de carantoñas y besuqueos no pasa desapercibida sino todo lo contrario. Unos los observan de reojo, otros por simple curiosidad o callada envidia.

¡Qué revuelo suscitamos, cariño!, le confiesa a él a su amada y ella le sonríe. Parece que ellos son la única pareja realmente cariñosa y enamorada en este maldito verano del covid. Que la distancia social y emocional ha calado tan profundo en el propio corazón de la sociedad que el mundo se ha llenado de parejas sin amor y sin ganas de besarse.

Miradlos. Ellos siguen y seguirán besándose y alimentando cada día su creciente y envidiado amor. Mientras, el resto del mundo seguirá atrapado en una espiral de apatía y de deshumanización. Atrapados en el miedo y la desconfianza de esta maldita pandemia.

© Javier L. García Moreno

04 septiembre 2020