Ambos escuchábamos esa misma canción. Abrazadas las manos sobre el pomo de la palanca de cambios. La mía sobre el dorso de tu mano.

I dont wanna lose my lover into the night, into the night” cantaba una voz femenina y sensual que resonaba por todo el habitáculo de mi coche.

Subí el volumen de esa canción dance y melódica que de repente apareció en una emisora de radio música remember que acaba de sintonizar por casualidad.

Tú viajabas a mi lado en esa romántica y calurosa noche de verano. Regresábamos a las cinco de la mañana de una noche de risas y copas con otros amigos. A mi lado, por el cristal de la ventanilla, se divisaba una mágica luna menguante en el cielo y a venus como una deslumbrante estrella a su lado.

La magia fluía y brillaba en tu mirada y la mía al mirarnos y entrechocarse, como siempre. Pero esa noche más. A veces los dedos de mi mano derecha soltaban el dorso de tu mano y te acariciaba amorosamente también tu suave hombro izquierdo, un tirabuzón de tu rizada melena o tu delicada mejilla.

I dont wanna lose my lover into the night, into the night”, volvía a repetir esa sensual voz femenina una y otra vez, nostálgica, susurrante.

Mi mente y mi corazón, al escuchar esa canción casi olvidada, no puedo evitar trasladarse a esas noches de los noventa. Alguna noche lejana de sábado en el que ese joven adolescente que era yo, tímido, observador e impresionable, se sumergía en esos locales tumultuosos y penumbrosos, entre luces de colores parpadeantes, jóvenes danzando entre el humo artificial, agitando con entusiasmo sus melenas y sus cuerpos sobre las tarimas y las pistas de baile.

Dont walk away”, añadía una voz grave distorsionada que se añadía a las voces que una y otra vez repetían ese desesperado deseo en inglés.

Una y otra vez mis ojos pasaban de la monótona autovía que tan bien conocía, incluso en la noche, a tu cara apenas iluminada por la luz ámbar del salpicadero. Con tu reposada y luminosa media sonrisa.

Acaricié la suave piel del dorso de tu mano. Y te apreté con más fuerza. Con ese latigazo de emoción que fustigaba mi corazón al escuchar esa canción que me traía sensaciones más que imágenes concretas de alguna noche perdida de los noventa. Una noche olvidada en que, sin saberlo, deambulaba como un chico solitario y hambriento de sueños sin encontrarte.

Tú entonces apenas salías. Siempre estudiando. Siempre encerrada en casa. Eso me contaste días atrás. Por eso nunca te encontré into the night” hasta ahora. Ahora bailas bajo las luces de colores y sonríes a la vida, aunque aún no has entregado tu corazón a ese chico que te buscaba veinte años después ¿Quién me iba a decir que al final, décadas después, te encontraría?

Y mientras suena la canción, sigo pisando el acelerador. Y tú a mi lado por una autovía que ojalá no encuentre su destino. Y sigas a mi lado para siempre. Into the night

© Javier L. García Escritor

17 agosto 2020