Abogados, médicos, profesores, jubilados, catedráticos, ilustrísimos y excelentísimos directores generales, alcaldes, consejeros, subdirectores, presidentes, jefes de algo, empresarios, albañiles, fontaneros, carniceros, camioneros, empleadas del hogar, amas de casa, estudiantes, jóvenes, mayores, desempleados,… Da igual en qué trabajen o qué nivel de estudios tengan, que sean supuestamente inteligentísimos o no. El caso es que la inmensa mayoría de la gente, como hace diez años, como hace veinte y treinta sigue compartiendo por correo electrónico, por whats app o por sus redes sociales cualquier chorrada alarmista o sensacionalista que le llega. Compartir por compartir, sin pararse a pensar en el daño o la histeria que puede suscitar en los demás y sin comprobar que esa noticia, mensaje de audio o montaje fotográfico sea verdadero o falso. Casi siempre, lo segundo…

“¡Ay, yo pensé que era verdad!”.

Ay, ay… siempre igual.

Y otra vez esta persona vuelve a caer, y vuelve a difundir otro bulo por extrema ingenuidad o extrema mala intención, depende de cada cual.

En fin. Yo doy por hecho que esta sociedad no tiene remedio. Una sociedad que simplemente asume como veraz los mensajes que le llegan a su móvil y los difunde sin pararse a pensar. Mejor aceptarlo y punto…

© Javier L. García

03 agosto 2020