Pasaban los años. Pero ese chico no podía olvidar aquel apasionado y aturullado email que recibió por error ese lejano 2013. No lo quiere reconocer pero recuerda cada día con una sonrisa nostálgica en sus labios ese email equivocado y su educada pero fría respuesta.

“Lo he guardado porque me chocó lo que decía, una completa locura, y la forma de escribir, sin puntos ni comas, todo de un tirón y seguido”, se defendía al releer a cualquier nueva amistad con la que se encontraba cada linea y párrafo de ese curioso email y que guardaba celosamente en su móvil.

No importaba dónde estuviera y con quién. Subiendo o bajando un monte, o con unas cervezas en la terraza de un bar. Esa anécdota que para él había sido tanto volvía a diario a su mente. Y tenía que soltarla, que compartirla. Para más “inri”, ese email lo firmaba una tal “tu rubia peligrosa”, recalcaba finalmente entre risas compartidas.

Lo que a nadie confesaba ni él mismo quería aceptarlo, es que no había día en que no hubiera deseado volver atrás, a ese lejano 2013, y haber cambiado su cortante respuesta , ese “Lo siento, pero creo que te has equivocado de persona”, por otra más afectuosa. Tal vez su error fue reconocer que había sido un error y no un guiño del destino.

© Javier L. García Moreno
13 junio 2020