YA NOS ABRAZAREMOS CUANDO ESTO PASE
Se miraron tras sus máscaras. A un metro y medio de distancia, como mandaban las normas. Sentían algo por dentro, sí. En sus corazones, desde que habían coincidido en un paseo en la hora permitida de ocho a nueve de la tarde, y habían logrado conversar a tres metros de distancia, jugándose la multa equivalente a su sueldo de un mes y el repudio de sus familiares, amigos y toda la sociedad. Habían pasado ya varios años desde aquel primer paseo. El primero de muchos siempre a la misma hora, siempre siguiendo la misma ruta para no salirse del perímetro permitido, siempre manteniéndose a la misma distancia.
Y durante esos años ese incipiente amor había crecido y eran tan intenso y fuerte que les tentaba cada vez más a un acto que habían aprendido a reprimir desde pequeños. “¡Tienes que mantener siempre la distancia! ¡Está prohibido acercarse a un desconocido y abrazarle!”, le habían inculcado sus padres y todo el mundo una y otra vez desde aquella lejana pandemia, la primera de todas. Desde ese maldito año 2020 en que eran niños, muy niños, y sus vidas y la de todo el planeta cambió.
-Te mando un abrazo en la distancia. Ya podremos darnos un abrazo cuando esto pase -dijo Fernando a Sonia, a modo de triste despedida un atardecer.
-Estamos en 2089, Fernando… Sabes que esto nunca pasará, que nunca llegará ese momento en que podamos dárnoslo…-respondió Sonia acercándose, casi al límite de lo permitido.
Fernando dudó unos segundos. A sus 75 años, muy cerca del fin de sus días, se dio cuenta de la mentira en la que había vivido toda su existencia. Desde sus seis años. Entonces recordó las palabras que había leído de un escritor soñador y romántico, Javier L. García, al que nadie había hecho caso en su día. Con guantes y con mascarilla, no había ningún contagio que temer.
¡Qué estúpido había sido y cuántos abrazos había dejado perder que ya no volverían!, se dio cuenta de repente.
Así que rompió los centímetros de distancia hacia su amada. Y se abrazaron olvidándose del tiempo, del miedo y de las prohibiciones que les había impedido vivir plenamente.
Y no pasó nada. El mundo siguió su curso. Y ambos se sintieron las personas más felices del mundo. Seguramente lo eran.
© Javier L. García Moreno
14 mayo 2020
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