Una rosa olvidada. De algo que fue y terminó. Junto a una lágrima de sangre por esa herida en el alma que lentamente fue curando y, a pesar de las recaídas, terminó cerrándose. Pero ahí seguirá la cicatriz cosida en un corazón. Tal vez en los dos.

Una rosa sin vida. Negra como esos agujeros negros que se tragan todo la luz y el color. Negra como la muerte de un amor. Como el dolor y el olvido. Aplastada. Reseca. No hubo manera de revivirla, ni por el pie arrepentido que la había pisado sin querer.

Feliz aniversario desamor.

 

© Javier L. García Moreno