31 marzo

18 días de confinamiento

Pasan los días y pasa la vida. Cuando despiertas sigues acostado un rato más, si te dejan. Escuchas que afuera llueve. Pero no hay prisa ni emoción por levantar la persiana. Ya sabes lo que vas a ver y qué hay al otro lado, llevas 18 días viéndolo todo los días. Y cuando te pones en pie, y ha dejado de llover, ni siquiera te paras a pensar en qué día estás, salvo si vas a añadir una hoja más a un diario y necesitas contar con los dedos o mirar la fecha en el móvil. Qué más da. Hace días que dejó de tener importancia. Por eso el día del padre me animé a ir al supermercado y descubres que era festivo y estaba cerrado. Pero tampoco pasa nada. El tiempo ahora es tan relativo…

Feliz día de la marmota, pienso y sonrío. Lo digo por esa película en el que el protagonista, Bill Murray, estaba condenado a repetir el mismo día una y otra vez. La diferencia es que en esa película, tomara la decisión que tomara, terminaba muriendo. Y volvía a despertar a la misma hora, con el recuerdo completo de todos los días repetidos.

El destino le volvía a ofrecer una y otra vez la posibilidad de no equivocarse, de tomar las opciones alternativas para conseguir superar ese mismo día. No me digáis que no sería poético y muy gratificante que el destino nos estuviera ofreciendo esa posibilidad ahora mismo. Y el confinamiento de cada cual terminase cuando encontrase su camino, las respuestas a su propia existencia y sufrimiento. O te permitiera, después de repensar tus actos y saber en qué te equivocaste, volver atrás tantas veces como hiciera falta para ser otra persona y obtener otro resultado más gratificante.

Dicen que para lanzarse al autoconocimiento y, por tanto, aprender para mejorarte hoy y mejorar futuro, yo aprovecho para hacerlo estos días mientras teletrabajo, o me tumbo a descansar antes de dormir, no hay nada mejor que darte cuenta de tu particular sufrimiento y tomar conciencia de que ya has tocado fondo para volver a alzar el vuelo, o hacerlo por primera vez.

Hay un momento que ya no puedes más soportarlo. Muchas personas, miles, millones, pueden que lo hayan alcanzado estos días. Esta crisis pandémica que se traduce en aislamiento y falta de libertad, puede ser la gota para muchos.

La soledad y la distancia con tus seres queridos, amados o simplemente amigos o afines, es dura. El sufrimiento todavía más inmenso por esas personas queridas que enferman y hasta mueren en soledad, y a las que no puedes despedir. El exceso de información en los medios de comunicación, redes sociales, propagando el miedo y la histeria. Atemorizándonos con cifras que no paran de contenerse y con mensajes cada vez más negativos y deprimentes. Nuevas medidas más restrictivas, más confinamiento…

Hace días que paso de mirar las noticias, ya sean fidedignas, ya sean bulos o exageraciones difundidas por las redes que nos hablan incluso de meses de confinamiento. Ya me da igual que sean cuarenta mil o cincuenta mil o sententa mil los contagiados. Yo no puedo hacer nada. Mis padres, vosotros y ellos tampoco. Solo sé que tengo que estar en casa y seguir viviendo, aguantando y soñando con que esto acabe y las calles ahora desiertas y ocupadas por el ejército, la policía o personas con mascarillas, sean las que antes fueron, llenas de gente. Somos seres sociales, es nuestra esencia.

Ahora prefiero escuchar el trino de los pájaros en mi jardín, las hojas de los olivos meciéndose en el porche, jugar con la pelota con mi niño y disfrutar de sus risas inocentes, escribir estas reflexiones.

Es momento de olvidar la cárcel física en la que estamos, y la mía insisto y agradezco que es muy amplia, un lujazo en estos días, y mirar a nuestro interior. Descubrir quiénes somos y qué queremos ser y qué queremos ser a partir de ahora para ser más felices.

Y aguantar con una sonrisa y estar en paz y feliz por encontrarnos nosotros mismos hasta que nos levanten la condicional y podamos disfrutar de la vida más intensamente y cada segundo. Si los niñ@s os dejan en vuestros pequeños apartamento, claro… . Si los niñ@s os dejan en vuestros pequeños apartamento, claro… 😄

Un abrazo

 

© Javier L. García Moreno