Día 16 confinamiento

Domingo 29 Marzo

«Hoy el sol brilla con más fuerza en el cielo, o así lo siento. A pesar de ser domingo, los domingos siempre fueron un poco así. Tal vez la diferencia es que el alma acepta y se resigna lo que hace unos días no. Y asume la situación. O muchas situaciones. De que somos nadie y no podemos cambiar el mundo, y solo a lo mejor nuestro destino, pero no nuestro ahora mismo que son las consecuencias del ayer. El alma se eleva, olvida por un momento esa tristeza que a veces no entiende, que antes no tenía, y reconoce que es afortunada. Por muchas cosas. Esos tuyos que tienes al lado, ese hijo al que puedes abrazar cuando quieras, esos otros pedazos de tu vida que aun a cierta distancia sabes que están bien e incluso de mejor de ánimo que tú y a los que puedes ver y escuchar a través del móvil a pesar de todo. En estos momentos hay tanta gente que no puede decir lo mismo. Tanta gente sufriendo el más miserable de los olvidos, o el dolor y la tristeza y la soledad más profunda. Tanta gente sufriendo e incluso muriéndose, lejos de los suyos. Tanta gente sufriendo por sus seres más queridos.

Me siento afortunado y rezo por el mundo aunque no sé rezar. Deseo lo mejor para todos y cada uno de esas personas que sufren y porque esto empiece a acabar ya.  Que pronto estos días maravillosos y soleados se puedan disfrutar como antes. Con libertad y alegría.

Son las cuatro de la tarde y una brisa reconfortante me envuelve en esta amplia terraza que afortunadamente puedo disfrutar. Si algunas lágrimas se escapan ya no es de dolor. Sé que estás ahí, aunque hablemos poco. Y me reconforta. Son por esos tantos recuerdos bonitos que me hacen sonreír y llorar a la vez. Son por esas cosas que ahora sé que hice mal o no hice, y me vienen a diario a la cabeza. Por no escucharte ni leerte de verdad, solo por encima, pensando que todo se solucionaría solo con una sonrisa, un beso intenso de los nuestros o haciendo el amor. Por reprimir esos sentimientos que nunca debí haber reprimido y que ahora sé que sentía y me desbordan. Por aplazar lo que nunca debí haber aplazado.

Hoy el sol brilla con más fuerza y me siento feliz por haber digerido por fin este largo invierno  de dos meses y haber cambiado y aprendido de ti.

Ojalá este pacto de almas que una vez suscribimos en alguna vida anterior, como una vez me dijiste, tenga alguna cláusula adicional para esta vida. Ya no soy el mismo y he aprendido a amar sin miedo y sin un teclado enfrente. Y si no puede ser, que sigas siendo muy feliz y yo lo siga viendo. Por siempre.»

© Javier L. García Moreno

29 marzo 2020