«Parece que fue hace un siglo cuando decidiste que el universo te regalaría algo más que yo no te daba. Que apareció él y, de repente, sin saberlo, iluso de mí, me convertí en ese pasado al que no querías volver. Querías empezar la página de tu nueva novela y había que poner el punto final a la nuestra, esa que habíamos escrito mano a mano, apasionadamente, y que pensé que sería interminable.

Parece que fue hace un siglo, mucho antes de esta pandemia que me encierra aún más en tu recuerdo, en el que me deseaste fríamente lo mejor mientras yo me sumía en el desconcierto y la desolación.

Parece que fue hace un siglo, pero no, fue casi ayer, hace poco más de un mes, cuando desapareciste sin dejar casi rastro, cuando decidiste alejarte para que los recuerdos fueran reposando en el fondo de este mar del olvido y del que solo poco a poco logro salir a flote.

Parece que fue hace un siglo cuando decidiste partir, sin volver la mirada atrás, ilusionada en esa nueva aventura en la que me dijiste que ponías todo el corazón y que creías con alegría que sería próspera y definitiva en tu vida.

Parece que fue hace un siglo. Y desde entonces no sé nada de ti a pesar de que sé que tus pasos caminan muy cerca de los míos, por los mismos pasillos, las mismas calles, las mismas plazas que antes recorríamos juntos. Como si te hubieras convertido en invisible o huyeras hábilmente de mí por alguna razón que no alcanzo a comprender.  O tal vez sí.

Parece que fue hace un siglo. Mucho antes de esta pandemia en la que tú seguirás siendo feliz en alguna parte, abrazada a tu amor, y me habrás olvidado casi por completo, y en la que yo, solo sin ti, me confino un poco más en esos recuerdos que se fueron contigo.»

© Javier L. García Moreno

17 marzo 2020