«¡Doy sepultura al fin a esos recuerdos que para mí fueron maravillosos.

Era inútil seguir siendo un loco romántico anclado a ellos, incomprendido.

en este barco ya fantasmal y abandonado en el que me había quedado encallado…

Tú eras ya capitana de otro bergantín, con otro timonel que no era yo,

abandonaste el nuestro para emprender un nuevo viaje en otro bergantín resplandeciente

de amor, de luz, de colores, de ilusión, de nuevos mares por descubrir

y que yo ya nunca podré contemplar…

No queda otra.

Ya me he cansado de llorar y lamentar como un loco nostálgico

en la proa de este barco encallado y para siempre inútil, inservible, hundido…

 

Porque ya no quedan más mares que surcar

más islas de besos y caricias que repetir,

más continentes donde solo habitábamos tú y yo…

Felices, pensaba…

No queda otra.

Te llevaste el cuaderno de bitácora cuando menos lo esperaba y ese constante viento que nos hacía volar sobre las olas.

Así que doy sepultura al fin a esos recuerdos que me dejan el sabor amargo

de mi corazón roto y de tu adiós, nunca sabré si para siempre…

Y salto de este barco y nado no sé hacia dónde, sin mirar atrás…

con una última lágrima salada en la mirada…»

 

© Javier L. García Moreno

Marzo 2020