MAR MENOR, NUNCA «ENJAMÁS»

¡Qué puedo añadir a lo que ya se ha dicho estos últimos días sobre la tragedia ambiental en la laguna salada de los baños de mi niñez!

De mi comarca natal. El Mar Menor. La joya natural nunca debidamente valorada por las gentes que viven en su ribera. Un lugar paradisiaco donde podías ver a los exóticos y frágiles caballitos de mar resbalarse entre los dedos. Pero nosotros, el ser humano, voraz y cruel como ningún depredador que haya pisado la tierra, la ha destrozado en solo cincuenta años. Una gota del edén que se ha convertido en una lágrima de agonía durante décadas, envenenada, maltratada, burlada. Una lágrima que ya es de muerte.

Pienso ahora que es un tesoro natural que tal vez nunca merecimos. Tantas décadas usando al Mar Menor de vertedero, unos y otros. Y lo peor es que lo he visto agonizar. Todos lo hemos visto. Un verano a finales de los 80, los esqueletos de los caballitos de mar se amontonaban en la orilla en mi playa del Mar de Cristal. Recuerdo como si fuera ayer esa impactante imagen y eso que solo era un niño. Y lo fuerte es que en aquellos años se veía con tanta normalidad lo que ya resultaba una primera tragedia medioambiental. Incluso recogíamos los huesos de esos caballitos y los coleccionábamos en marcos de madera. ¡Al final te hacían ver que era algo natural y hasta lúdico lo que realmente era una tragedia! Pasaron los años y aparecieron las medusas a finales de los noventa y principios de este siglo. Bancos de medusas, miles, millones, ocuparon sus aguas. Y aunque las odiábamos  y queríamos sacarlas de allí, lo cierto es que hacían una función necesaria, no estaban por casualidad. La limpieza de unas aguas que nosotros y los gestores políticos éramos incapaces de mantener limpias. Luego vino la sopa verde, las aguas turbias y la espuma.

Reconozco que ya hace diez años que dejé de bañarme en esas aguas que me dejaban la piel irritada, aunque ni siquiera hubiera llegado el verano. Cambié para siempre el mar Menor por el mar Mayor, que el resto del mundo conoce como el mediterráneo… Eso sí, mi querido mar Menor siempre estuvo muy presente en mi fantasía y en mis escritos, como en mi primera novela “El Colgante” o en varios de mis relatos, como los que aparecen en “Los amantes del mar”.

No sé si se estará aún a tiempo de resolver algo. Pero mucho, ¡mucho! debe cambiar todo y sobre la mentalidad de la mayoría. Al menos, una gran parte de la sociedad murciana ha reaccionado con indignación y hartazgo al ver esos miles y miles de criaturas marinas agonizar y morir en las playas pinatarenses, convertidas en fosas comunes de un terrible “pececidio”.

Una reacción que han pillado a los que nunca han hecho nada bueno por el Mar Menor y han mentido una y otra vez a la ciudadanía en este asunto, a contrapié, fuera de juego.

¡Ojalá esto sea un signo de esperanza y no quede en algo fugaz y pasajero! Que el murciano, por desgracia y salvo bravas excepciones, suele ser de naturaleza olvidadizo y de carácter acomodado…

Tampoco vendría mal, es más, sería justo y muy muy necesario, que algunos de los tantos responsables, que han mirado hacia otro lado o han promovido la destrucción de este ecosistema, paguen por sus delitos. Que sirva de ejemplo y de escarmiento. Nunca más. O como diría mi abuela, que en paz descanse, nunca «enjamás».

 

© Javier L. García Moreno – Escritor

Octubre 2019

 

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