Me gusta ser político…

Me gusta ser político. Tengo cualidades para ello. Una amplia sonrisa entrenada frente al espejo. Una corbata bien anudada, siempre del mismo color. Un traje clásico para que nadie piense que soy un vago, que lo soy, y una camisa bien blanca para esconder mi mente sucia.
Me gusta ser político y tener a mis jefes bien contentos. «¡Este tío es una máquina!», exclaman entre ellos, entre sonrisas y carcajadas, cuando leen las noticias desde sus despachos en Madrid. Siempre pacto con quien dicen que tengo que pactar. ¡Soy trabajador obediente y les lamo la palma de la mano si hace falta y les ladro como un perrito faldero y muevo las orejas y el rabo!

No me importa lo que prometí a los pobres infelices que me han dado su confianza. Donde dije digo… Siempre hay un periodista becario que por un billete bajo mano, escribe lo que haga falta. Cuando quería decir cambio, no quería decir cambio exactamente. ¡Que no os enteráis, queridos y amados votantes! Y si dudasteis en votarme o no, permitid que me ría de vosotros a escondidas y me tome una copa a vuestra salud.

Me gusta ser político. Y pactar para llegar al poder con el mismo diablo. O con los mismos de siempre. Y aunque no sé hablar, eso no importa hoy en día. Con escribir tuits ofensivos o insultantes de vez en cuando, consigo que la gente no se olvide de mí, que las cámaras me enfoquen y otros políticos, los aludidos o no, hablen de mí y se echen la mano a la cabeza. Y luego, si hace falta, se rectifica y fin de la cita.
Me gusta ser político y que me hagan entrevistas en las que aparezco mirando al horizonte, ambicioso, o al lector, haciéndome el cercano y sencillo. Entrevistas en las que repito lo que la gente quiere leer o escuchar, aunque haga lo contrario.

Total. Si una legislatura dura cuatro años. ¿Quién se acordará de lo malo que hice cuando vuelvan a votar?

Me gusta ser político y cuando deje de serlo, ¡que me quiten lo “bailao”!

© Javier L. García Moreno 2019

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